



En la ciudad de los gatos, mujeres gigantes se levantan y cantan con la Luna nanas proféticas en dulce entonación, ven lo que fue y lo que será, cobijan las casitas, escudriñan subconscientes.

Las lágrimas se hicieron versos, salpicaron el papel y tomaron vida propia.

Los sueños se escabullen de los dedos paralelamente a que tanto nos alejamos de nuestro niño interno.